En medio del escepticismo ciudadano generalizado por una pobre conmemoración del bicentenario de la Independencia (si lo confrontamos con los bicentenarios en Estados Unidos o en Francia), que trató de contrarrestarse inútilmente con propaganda televisiva; de un Informe presidencial que ya sólo interesa a las comisiones del Congreso, quien haya presenciado en su totalidad la sesión solemne en honor al centenario de la UNAM habrá percibido que tuvo lugar una deseada reflexión seria, consistente, del estado que guarda la nación.
La sesión solemne del Congreso de la Unión en homenaje al centenario de la UNAM no fue una deferencia excepcional de la clase política a una institución de educación superior, se trata llanamente de la universidad del Estado mexicano, creada por ley el 26 de mayo de 1910.
Tal relevancia no es asunto de creencias o posiciones ideológicas, sino porque la realidad mundial por la que surca el país reta nuestro destino como nación, la globalización de la economía capitalista ya sin el contrapeso de economía de Estado alguna, vamos, ya ni los estados chino o cubano que lo único que les falta es pluralidad política.
En esa sesión solemne del Congreso en honor al centenario de la UNAM quedó claro que el Estado mexicano, indistintamente administrado por los partidos políticos PRI o por el PAN, parece carecer de un conocimiento integral de cómo sobrevivir y competir en ese mundo global definido por sociedades con economías sustentadas en el conocimiento científico, innovación tecnológica, información, democracia representativa, libre circulación de mercancías, capitales y desarrollo sustentable (respetuoso de la naturaleza).
No es que nada de eso exista en nuestro querido México, sino que cada partido, empresa, organismo no gubernamental y ciudadanía dispersa (aún hay mexicanos que no se asumen ciudadanos y prefieren diluirse en “pueblo”, “grey” o “feligresía”) toma la rebanada que más le conviene de ese todo y desprecia el resto del pastel. En resumen, carecemos de una política de Estado.
¿Qué tiene de singular la UNAM, que en sus 100 años de existencia como universidad del Estado puso en la palestra del Congreso el verdadero estado de la nación, con la representación de los otros dos poderes?
En principio por su propia historia de retos y adversidades, siempre vinculados al acontecer nacional desde su fundación. A unos meses de su inauguración el secretario de instrucción pública, quien antes como diputado propuso la iniciativa de ley para su creación, Justo Sierra, fue depuesto. Asimismo estalló la revolución, poco después cayó Díaz, pero ella prevaleció. Su comunidad académica y estudiantil en los sesenta exigió la democracia que hoy medianamente gozamos. En ella se han formado y egresado muchísimos miembros relevantes de todos los partidos, empresarios (el más rico del mundo entre otros), líderes sociales, mano de obra, empleados, intelectuales, premios Nobel o Príncipe Asturias, exploradores, deportistas, miembros de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, Sociedad Real del Reino Unido, doctorados honoris causa de todo el orbe, etc.
Desde su origen hasta nuestros días, en sus aulas de formación de profesionales e investigadores en todas las áreas del conocimiento científico, social, humanístico y artístico todos los días se analiza, discute, investiga, y producen nuevos conocimientos de lo que pasa en el universo, el planeta, la naturaleza, la atmósfera, la vida incluyendo la humana, las naciones, sus historias, creaciones, lenguajes con toda libertad sin dominio de modas o dogmas (aunque lo intentan).
José Narro, su rector en turno, más o menos lo resumió así en su intervención en el Congreso. ¿Un país competitivo en la economía global del conocimiento que sólo destina el 0.4% del PIB en investigación científica? ¿Una sociedad de la información y el bienestar con más de la mitad de la población enlos límites de la pobreza, la salud, una infancia obesa con educación inconsistente y al garete? ¿Más importante preservar los equilibrios financieros que resolver los equilibrios sociales? Necesitamos de un nuevo proyecto de nación.