Ésta era tan sólo la primera imagen que Alfredo Santillán presentaba a los amiguitos, en su charla para niños “Una tarde en la vida de las Estrellas” y el ánimo de los pequeñines estaba ya en ebullición, en un auditorio Paris Pishmish del Instituto de Astronomía sin una sola luneta vacía o hueco por dejar, un generoso e inteligente obsequio para los chiquillos y chiquillas en su día, este 30 de abril.
Alfredo los trata muy respetuosamente de tú, porque son “sus colegas” y así les dice. A cada que atinan qué es una de las sorprendentes imágenes que el Sombrerero Loco Santillán les muestra, les dice “¡claro, a ti te conocí en el Instituto Max Planck!” Y el chico o la chica aludidos se sienten satisfechos, con sus autoestimas regocijadas.
¿Cómo le hacen Santillán y Liliana Hernández-Cervantes para descifrar lo que dicen los chiquillos en medio de esos estallidos de entusiasmo a gritos? Ha de ser un secreto aprendido en la experiencia de ya varias charlas y talleres de astronomía para niños que han organizado por toda la República desde hace ya varios años.
Liliana Hernández-Cervantes y Alfredo Santillán no son saltimbanquis de oficio. Se ocupan profesionalmente de la informática de alta tecnología para la investigación científica y a la astrofísica teórica, respectivamente; ella en el Instituto de Astronomía, él en la Dirección General de Servicios de Cómputo Académico.
En esta ocasión, de la mano del habilidoso Santillán, los chiquillos fueron viajando desde la estrella más cercana, nuestro Sol, “inquietito como ustedes niños”, a los más intrincados rincones de las galaxias “remolinos”, “rehiletes”, miles de millones de ellas. Desde su nacimiento, en medio de esas brillantes incubadoras de polvo y gas hasta su muerte en poderosos y luminiscentes estallidos, dejando hermosas nebulosas planetarias y remanentes de supernova como bello recuerdo de lo que fueron.
No hay drama en la narración y las sorprendentes imágenes de Santillán, quien es seguido minuciosamente por las miradas atentas de las pequeñinas y los pequeñines azorados, entusiasmados… Inmediatamente que sospechan de lo que se trata la imagen no levantan la mano para pedir la palabra, sencillamente estallan en alaridos y ¡Alfredo los escucha!
Acto seguido, rifas de plumas, contenedores de refrescos, morralitos estampados con la Noche de las Estrellas y unos emocionantes telescopios. Habría que estar ahí para atestiguar los semblantes de regocijo de las miniaturas ganándose su telescopio, erguidos, sonrientes con brillo en sus miradas.
Hay más para las criaturitas golosas de conocimientos, ahora van a pintar lo que vieron en unas mesas rodeadas de carteles de nebulosas, galaxias, remanentes de supernova, cúmulos estelares. Dan rienda suelta a su creatividad, si tienen que pintar toda la hoja de negro para emular el cielo nocturno, la pintan y ya está, le agregan colores para hacer sus remolinos y rehiletes que llenarán de diamantina para emular estrellas; también hacen nebulosas, residuos de estrellas, “ojos de gato”, clavados, ensimismados, con sus mentes ubicadas en las inmensidades del Universo, intentando plasmar en sus hojas en blanco o negras lo que su memoria e imaginación ven. Ojalá que tales virtudes no se destruyan en su formación, son unos potenciales soles de sabiduría esperando estallar. Alfredo y Liliana les dan cuerda ilimitada, agradecemos a nombre de los niños su generosidad.
Rolando Ísita, Difusión e Información Pública del Instituto de Astronomía 30/04/2010