Esosmétodos, pensamiento y resultados confiables hoy los conocemos en conjunto comociencia, pero no siempre se llamó así, ni siempre se confió en ella. Pero sísabemos que en su ausencia o desprecio, las amenazas y retos de la naturalezahan puesto en vilo nuestra existencia en cualquier rincón del planeta; que larazón, la voluntad y el conocimiento colectivos nos permitieron poblar en unlargo peregrinaje desde un rincón de África toda la Tierra.
Eseparticular desprecio que tenemos los mexicanos por la ciencia lo eludimoscreando amenazas imaginarias. Y del mismo modo que culpamos como individuos alde al lado de nuestros errores, nos autoengañamos y creemos lo que nos dicen quetodas las adversidades son crisis externas, del Presidente, de los diputados,de los partidos.
Nosacongojamos y despotricamos contra de quien sea por los cada vez peoresresultados que tenemos en la educación, singularmente en lectura y matemáticas,como si estas habilidades no tuvieran que ver nada con la vida, el trabajo, laproducción, la generación de productos que en otras lados quieran comprarporque son útiles, están bien hechos, son atractivos y con precios accesibles.En realidad las evaluaciones que la OCDE hace de nuestros chicos los medios informativoslas alteran llamándoles matemáticas y lectura, cuando realmente son evaluacionessobre habilidades y conocimientos para la vida.
“La vida”no son creencias o efluvios etéreos, son hechos, procesos evolutivos a partirde los elementos creados por las estrellas y contradictorias, por complicadas,a la vez que sencillas combinaciones de éstos, bajo condiciones propicias comotemperatura, humedad, presión, ciertas cantidades de determinados gases, quehan dado lugar a moléculas capaces de reproducirse, primero, luego célulassolitarias, más tarde asociaciones de éstas, bacterias, hongos, virus, hastalos más complejos organismos como son las plantas y nosotros los animales.
Habilidadesy conocimientos para esa vida son los que cada vez tenemos menos como sociedad.¿Cómo se mueven las cosas? ¿Qué son las cosas? ¿Cómo las entendemos parausarlas, transformarlas a nuestro favor? Fuerza, masa, aceleración, densidad,resistencia, gravedad, métodos o ideas para contar las cosas, para pesarlas,para conocer su composición, con qué unidades de medida las definimos,geométricas, volúmenes, números, cálculos, fórmulas. ¿Cómo compartimos esossaberes con los demás? ¿Cómo narramos lo que sabemos? ¡Esas son las habilidadesy conocimientos para la vida en las que estamos reporbados!
Pero ¿contraqué compito como comentarista? Con algo que llaman “política” que nada tieneque ver con aquellas reflexiones de Aristóteles, Spinoza, Schoppenhauer,Compte, Heller. Nos tienen engatusados con banalidades dignas de los infantes ala hora del recreo colegiales, “no te juntes con aquellos, ‘mana, o te dejamosde hablar”, “me engañó con mi dinero para la gelatina a cambio de un jugueteque le trajeron de los Status, que nunca me dio”.
Se quejanlos Coparmexes de esa “política” de caciques de tiradero de basura de la que elloshan sido en buena medida cómplices. Dicen que “no se tiene una visión deEstado”.
¿De dóndepiensan que va a salir una visión de Estado cuando ni patrones, políticos yciudadanos sabemos siquiera qué es el planeta, de qué está hecho, cómo funcionao dejará de funcionar, sobre el que se construyen Estados; que México estásobre su superficie, tiene nichos ecológicos y enormidad de recursos biológicosy geológicos, además de mentes con conocimientos para crear riqueza, no paracomprarla? Si un Estado carece de políticas de ciencia es cualquier cosa menosun Estado.
Bien, puessigo dispuesto a continuar mi pregón en los desiertos de vuestras miradas.