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La Vía Láctea, las galaxias
11 Diciembre 2009

Vía Láctea proviene de los mitos de la Grecia clásica, es la leche desparramada del pecho de la diosa Hera, esposa de Zeus, quien se negaba a amamantar a Hércules, hijo de Zeus, fruto de un desliz del dios de dioses. En alguna ocasión acercaron el bebé Hércules al pecho de Hera mientras ella dormía, pero despertó, lo retiró de su pezón y la leche se derramó por los cielos. También para los romanos, que adoptaron casi toda la mitología griega, vía láctea en latín significa camino de leche.

 

Existen tantas leyendas como pueblos hay en la Tierra para interpretar la Vía Láctea: el espinazo de la noche, una analogía de la espina dorsal de los bueyes según el pueblo Kung de la República de Botswana; río por el que vagan las almas de los muertos según los chinos; para los egipcios era el río Nilo que continuaba hasta el cielo regando también la morada de los dioses; río que subía las aguas hasta el cielo para formar la lluvia, según los incas; una serpiente emplumada que representaba al dios Quetzalcóatl para los antiguos mexicanos; el cuerpo de una mariposa (papalótl) para los pueblos ribereños de la cuenca del río Papaloapan, en el estado mexicano de Veracruz; camino que unía la tierra con el firmamento para otros...

 

Otra leyenda más tiene que ver con el Camino de Santiago. De acuerdo con las tradiciones de la Europa occidental, un reguero de estrellas ayudó a localizar la tumba del apóstol Santiago, pero fue en el siglo XII cuando se consolidó la asociación entre la Vía Láctea y el Camino de Santiago en el Códice Calixtino, según el cual el apóstol se apareció a Carlomagno señalándole la Vía Láctea como guía para llegar hasta el fin de la tierra (Finisterre) en Compostela.

 

No obstante las fantasías mitológicas, hubo también en la antigüedad una versión de la Vía Láctea basada en la razón, la de Demócrito (460 – 370 a. C.), quien sugirió que esta nubosidad blanca en el cielo nocturno era un conglomerado de infinidad de estrellas, e infirió que ellas eran tan tenues que no podían ser distinguidas a simple vista, aunqueno tuvo instrumentos para probarlo, al igual que también postuló la existencia de pequeñísimas partículas que constituían la materia y las llamó “átomos”… Tampoco pudo probarlo.

 

 

 

La Vía Láctea, La galaxia

 

 

 

Fue Galileo quien hasta 1610 pudo distinguir con su telescopio que, en efecto “La Galaxia”, aquella enorme nube difusa que durante siglos había atormentado a los filósofos con disputas verbales, “no es otra cosa que un conglomerado de innumerables estrellas reunidas en montón”. La Galaxia no era otro nombre distinto al de Vía Láctea al que se refería Galileo en su libro El Mensajero Sideral, puesto que así se dice “círculo de leche” en griego, kyklos galaktikos.

 

Galileo con su telescopio observó además que la nuestra no era la única blanca nube de aspecto lechoso que en realidad era un conglomerado de estrellas, sino que por diversas regiones del cielo “se advierten congregaciones similares”, llamadas hasta entonces nebulosas.

 

 

De  nebulosas a galaxias

 

 

 

Por mucho tiempo, y hasta entrado el siglo veinte, galaxia y Universo eran conceptos intercambiables, las “nebulosas” eran parte de la galaxia. No fue sino hasta que Edwin Hubble descubrió en 1924 que la “nebulosa” de Andrómeda era un conglomerado de estrellas, otra galaxia; además de calcular su distancia en 800 mil años luz, ocho veces más lejos que las estrellas más remotas conocidas. En los siguientes años repitió su observación “nebulosa” tras “nebulosa”. No le cupo duda, cada una de ellas era una galaxia, descubrió además que se alejaban unas de otras, y las clasificó en tres tipos principales: espirales, elípticas e irregulares.

 

Galaxias espirales

 

 

Vía Láctea es una galaxia espiral. Este tipo de galaxias, por su forma, nos remiten a la imagen de los rehiletes, con sus  brazos rotantes que están constituidos de gas, polvo y estrellas. Son unos objetos complejos compuestos de un disco, un bulbo y un halo. El disco contiene gas, polvo y estrellas jóvenes en sus brazos espirales. Un denso bulbo en el centro del disco contiene acusadamente estrellas viejas, sin gas ni polvo. Finalmente el halo son barrios periféricos dispersos de estrellas y cúmulos globulares. Las galaxias son gregarias, les gusta vivir agrupadas en cúmulos.

 

Galaxias elípticas

 

 

 

Ellas pueden ser circulares o con forma de huevo. Pueden ser muy grandes y brillantes, las gigantes que lo son por canibalismo, engullen a sus vecinas; o muy pequeñas y  luminosidad débil, las enanas.

 

Galaxias irregulares

 

 

Son las que van a dar al cajón del sastre astronómico, todas aquellas que no son clasificables como espirales o elípticas son irregulares. En cierto sentido cada galaxia irregular tiene una apariencia única.