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Más allá de nuestros sentidos: Instrumentos, innovaciones y razones
04 Diciembre 2009

¿Se podría hacer algo similar con el micromundo? De igual forma, desde la antigüedad, pasando por Vesalio, hasta muy pocos años después de las primeras observaciones de Galileo con su telescopio, nadie había observado a simple vista la cantidad de seres vivos que pueden pulular en un pequeña gota de agua, hasta que el holandés Leewenhoek, con un “telescopio” para mirar lo pequeño, pudo penetrar con su mirada al interior de una semilla o admirar la perfección del aparato bucal de un pulga.

 

Ni Galileo ni Anton Van Leewenhoek inventaron las lentes, pero sí fueron los primeros que se les ocurrió usarlas para ver lo que parecía invisible para nuestra mirada. Pero hubo algo más que aportaron a sus innovadoras formas de interrogar a la Naturaleza, el perfeccionamiento de los instrumentos.

 

Los telescopios, que ya existían, no eran algo más que un juguete que proporcionaba amplificaciones de las cosas hasta tres veces, Galileo le introdujo mejoras que permitían amplificaciones hasta de veinte veces. Con esto logró ver cosas que a ojo pelón no podían discernirse, como cordilleras y cráteres en la Luna, satélites en Júpiter o manchas negras en el Sol.

 

Por su parte, el vendedor de telas holandés, en algún momento de su vida adquirió la “extraña” afición por pulir vidrios. Había escuchado que si se pulían de cierto modo se podían ver cosas de mayor tamaño que a simple vista, las lupas. Mediante prueba y error, fue introduciendo lentes en un tubo de cobre asombrándose de los resultados, mirando aguijones de abeja que a través de su artefacto se veía como un tronco y así, hasta descubrir mundos vivientes en una pequeña gota de agua, “moviéndose con gran agilidad porque tenían varios pies increíblemente sutiles”… Había inventado el microrscopio.

 

A Galileo ni a Anton les tocó sorprenderse que había más luz que la que percibían con sus ojos a través del tele y del microscopio, más “colores” que los que hay en el arcoiris por llamarlos de alguna manera, aunque no lo son. Pero sí dieron dos pasos como legado a la humanidad, atreverse a “ver” más allá del sentido de la vista usando instrumento y perfeccionarlos. Después de ellos la investigación científica cambió radicalmente.

 

Hoy ya existen telescopios con espejos de más de un decámetro, con instrumentos que permiten ver por más ventanas que la luz visible: rayos gamma, rayos X, ultravioleta, infrarrojo y radio, telescopios que ponemos en órbita para eludir el velo protector de nuestra atmósfera y nos permiten hurgar en los secretos del cielo oscuro hasta profundidades de 10 mil millones de años luz de distancia.

 

Así también podemos “ver” en el mundo sorprendente de millonésimas de milímetro de pequeñez, con los microscopios electrónicos; cristalografía de rayos X, fotómetros, celdas fotoeléctricas, etc. Instrumentos más poderosos que nuestros sentidos que nos dejan saber que son estrellas, galaxias, polvo y gas cósmico y no deidades; que son virus, bacterias y hongos y no duendes ni fantasmas; que son partículas, átomos, moléculas, eletcromagnetismo, gravedad de lo que están hechas las cosas del cosmos, de la vida y no efluvios ni soplos divinos; que todo ello evoluciona en un orden azaroso, incluyéndonos a nosotros.